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La economía del dato: cómo se monetiza la información
Roberto Montoya
Consultor en Automatización, Datos e Inteligencia Empresarial
30 oct 2025 · 18 min de lectura

Hace un par de décadas, si le preguntabas a un empresario cuál era su activo más valioso, probablemente te hablaba de sus máquinas, de sus almacenes o de su red de distribución.
Hoy, la respuesta ha cambiado por completo: los datos se han convertido en el nuevo recurso estratégico, el combustible invisible que mueve a las empresas más exitosas del planeta.
Google, Amazon, Tesla, Netflix, Meta… todas tienen algo en común: su principal fuente de valor no está en lo que venden, sino en lo que saben.
Y eso, esa capacidad de comprender, predecir y anticiparse gracias a los datos, define la nueva era económica que estamos viviendo.
De la observación al dato: una historia que siempre existió
Aunque hoy todo parece sofisticado y lleno de términos técnicos como Big Data, machine learning o analytics, en realidad las empresas siempre han usado datos.
El tendero de barrio que sabía a qué hora llegaban sus mejores clientes o el agricultor que recordaba en qué temporada crecían mejor sus cultivos… todos, en el fondo, trabajaban con información.
La diferencia es que antes los datos eran pocos y se guardaban en la cabeza, mientras que ahora son millones y viven en la nube.
El salto no fue solo de cantidad, sino de capacidad de análisis.
Y aquí aparece la gran oportunidad y el desafío de nuestro tiempo:
saber transformar esa avalancha de información en conocimiento útil y, sobre todo, en valor económico real.
El dato como nuevo recurso económico
Cuando se habla de la “economía del dato”, no se trata de una metáfora bonita.
Estamos ante un cambio estructural tan profundo como lo fue la revolución industrial en su momento.
En el siglo XIX, el poder lo tenían quienes controlaban la energía, el carbón, el acero o el transporte.
Hoy, el poder lo tienen quienes controlan la información, y especialmente, quienes saben convertirla en decisiones y experiencias personalizadas.
Las empresas ya no compiten solo por vender un producto, sino por comprender mejor a su cliente.
Y eso solo se logra con datos.
Cada clic, cada transacción, cada comentario en redes o movimiento de un GPS alimenta el nuevo sistema nervioso de la economía digital.
Cómo se genera valor a partir de los datos
Podemos pensar el proceso de monetización de datos como una cadena de cinco eslabones:
- Captura: recolectar información de fuentes internas (ventas, clientes, producción, logística) y externas (mercado, redes, sensores).
- Organización: limpiar, clasificar y estructurar esos datos para que puedan analizarse.
- Análisis: identificar patrones, correlaciones y oportunidades ocultas.
- Acción: aplicar lo aprendido para optimizar procesos, mejorar la experiencia o crear nuevos productos.
- Escalamiento: automatizar lo que funciona y replicarlo a gran escala.
Cada eslabón suma valor.
Y la diferencia entre una empresa promedio y una líder digital radica en qué tan rápido convierte datos en acción.
Ejemplo cotidiano: el café de cada mañana
Pensemos en algo simple.
Una cadena de cafeterías decide implementar un sistema de fidelización digital.
Cada vez que un cliente compra, deja un rastro: qué pidió, a qué hora, en qué sucursal, qué método de pago usó.
A primera vista, son solo registros de venta.
Pero si se analizan a lo largo del tiempo, se descubren patrones:
- Los lunes, las bebidas frías se venden menos.
- Los jueves, aumentan los pedidos de postres.
- Los clientes que usan la app compran 23% más por mes.
Con esa información, la empresa puede tomar decisiones inteligentes:
crear promociones según el día, ofrecer combos personalizados o abrir nuevas sucursales donde la demanda crece.
Ahí está la monetización del dato: convertir información en ingresos reales.
Monetización directa, indirecta y por ecosistema
Podemos distinguir tres formas principales de obtener valor económico de los datos:
- Monetización directa:
Consiste en vender o licenciar datos (siempre bajo marcos legais y éticos).
Por ejemplo, una empresa de movilidad que comparte información de tráfico con gobiernos locales o aseguradoras.
No vende productos, vende conocimiento sobre comportamiento vial. - Monetización indirecta:
Se da cuando la empresa usa los datos para mejorar su propio rendimiento: optimizar rutas, reducir costos, anticipar la demanda o fidelizar clientes.
Amazon es el ejemplo perfecto: sus algoritmos predicen qué vas a querer antes de que lo busques.
No te cobran por tus datos, pero los convierten en decisiones automáticas que aumentan ventas. - Monetización por ecosistema:
Es la etapa más avanzada: empresas, gobiernos y socios comparten datos para crear valor conjunto.
Piensa en la industria de los autos conectados: los fabricantes, aseguradoras y talleres comparten información para diseñar planes de mantenimiento predictivo.
El valor no está en un solo actor, sino en la red de colaboración.
Ejemplos reales del poder del dato
- Netflix y el contenido personalizado:
Netflix analiza cada pausa, cada retroceso y cada serie que dejas a la mitad.
Con esa información produce contenido hecho a medida. “House of Cards” no fue un golpe de suerte: fue una decisión basada en millones de patrones de consumo. - Zara y la moda en tiempo real:
Los sistemas de Inditex detectan qué prendas se venden más en cada tienda y ajustan la producción semanal.
No hacen grandes temporadas; fabrican lo que el cliente ya demostró que quiere.
El resultado: menos inventario, más velocidad y una ventaja imposible de replicar sin datos. - Tesla y la carretera como laboratorio:
Cada coche Tesla es un sensor rodante. Envía datos sobre tráfico, clima, fallos y comportamiento del conductor.
Esa información nutre los algoritmos de conducción autónoma y mejora cada modelo.
Tesla no solo vende autos, vende aprendizaje continuo.
El dato es poder, pero solo si sabes para qué
Muchas empresas se obsesionan con “tener más datos”, pero eso es como acumular cajas en un almacén sin abrirlas.
El poder no está en la cantidad, sino en **la capacidad de hacer preguntas inteligentes**.
Antes de invertir en plataformas o dashboards, deberíamos preguntarnos:
- ¿Qué decisión quiero mejorar con esta información?
- ¿Qué problema de negocio estoy resolviendo?
- ¿Estoy dispuesto a cambiar mi manera de trabajar según lo que los datos digan?
Porque si no hay una cultura analítica detrás, **la tecnología solo amplifica la confusión.**
La economía invisible: cuando los datos valen más que el producto
Un fenómeno interesante es que, en algunos casos, **el valor de los datos supera al del propio servicio**.
Pensemos en Waze.
La app es gratuita, pero cada usuario que conduce con ella contribuye con información valiosa sobre velocidad, tráfico y accidentes.
Esa información se convierte en reportes que ayudan a gobiernos y empresas de transporte a planificar rutas y horarios.
El producto no es la app; **el producto somos todos generando datos.**
Otro ejemplo: las compañías de telefonía móvil.
Más allá de ofrecer minutos o gigas, poseen una mina de datos sobre hábitos de movilidad, consumo y localización.
Algunos operadores ya monetizan esos datos (de forma anónima) para análisis de urbanismo, publicidad o investigación social.
Estamos entrando en una etapa donde **la información se convierte en un producto derivado del uso cotidiano.**
Ética, privacidad y límites
Ahora bien, con gran poder viene gran responsabilidad.
La economía del dato no puede construirse sobre la explotación indiscriminada de la información personal.
El escándalo de Cambridge Analytica dejó una lección clara: cuando los datos se usan sin ética, el costo reputacional y social es altísimo.
Las nuevas regulaciones (como el GDPR en Europa o la Ley Federal de Protección de Datos en México) buscan equilibrar innovación con privacidad.
Monetizar no significa espiar.
Significa **crear valor sin violar la confianza del usuario**.
Y, paradójicamente, las empresas más transparentes con sus datos son las que más confianza —y por tanto más valor— generan.
El futuro: datos que se analizan solos
La inteligencia artificial está llevando la economía del dato a un nuevo nivel.
Ya no solo analizamos lo que pasó, sino que **predecimos lo que va a pasar**.
Por ejemplo:
- En agricultura, sensores y modelos predictivos anticipan cosechas y optimizan el uso del agua.
- En banca, los algoritmos detectan fraudes antes de que ocurran.
- En salud, los datos médicos permiten diagnósticos tempranos y tratamientos personalizados.
La diferencia entre las empresas del siglo XX y las del XXI será la siguiente:
las primeras **registraban** lo que ocurría; las segundas **lo anticipan**.
El reto cultural: dejar de trabajar “a ciegas”
No basta con tener tecnología.
Para realmente entrar en la economía del dato, una empresa necesita **una mentalidad diferente**.
Una que valore la evidencia por encima de la jerarquía, y la experimentación por encima de la costumbre.
He visto empresas que compran herramientas de Big Data, pero siguen tomando decisiones porque “siempre lo hemos hecho así”.
Y he visto otras más pequeñas, con menos recursos, que crecen porque **usan los datos para escuchar de verdad al cliente**.
La diferencia no está en el presupuesto, sino en la mentalidad.
Los datos como lenguaje del siglo XXI
Podríamos decir que los datos son al siglo XXI lo que el acero fue al XIX o la electricidad al XX:
la materia prima de toda transformación.
Pero no se trata solo de acumularlos, sino de interpretarlos, darles propósito y convertirlos en conocimiento que inspire acción.
Porque al final, el dato no tiene valor si no cambia nada.
La verdadera economía del dato no consiste en vender información, sino en **entender al mundo a través de ella.**
Y eso requiere curiosidad, ética, empatía y visión.
Si algo define a esta nueva era, no es la tecnología, sino nuestra capacidad para **convertir la información en inteligencia y la inteligencia en impacto.**
En pocas palabras:
Los datos no son el futuro.
Son el presente, y quienes aprendan a leerlos, interpretarlos y darles sentido serán los nuevos líderes de la economía global.

Escrito por
Roberto Montoya
Consultor en Automatización, Datos e Inteligencia Empresarial
Fundador de Datropia