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Empleos que desaparecerán entre 2025 y 2030: una nueva revolución del trabajo
Roberto Montoya
Consultor en Automatización, Datos e Inteligencia Empresarial
21 oct 2025 · 18 min de lectura

En los últimos meses, varios medios han publicado reportes alarmantes sobre el futuro del empleo. Uno de los más compartidos fue el de Forbes México, que advierte que entre 2025 y 2030 desaparecerán algunos de los trabajos más comunes del mundo: cajeros, asistentes administrativos, capturistas de datos, diseñadores gráficos, telemarketers y empleados bancarios, entre otros.
A simple vista, puede parecer una noticia apocalíptica.
Pero si observamos la historia con más perspectiva, nos daremos cuenta de algo: cada generación ha vivido su propia revolución laboral.
Y aunque los oficios cambian, el ser humano siempre encuentra una manera de reinventarse.
La primera gran lección: la Revolución Industrial
Para entender lo que está pasando hoy, hay que regresar más de dos siglos atrás.
En la Inglaterra del siglo XVIII, miles de personas trabajaban como tejedores, zapateros, herreros o agricultores. El trabajo era artesanal, manual y profundamente ligado a la experiencia individual.
Pero la llegada de la máquina de vapor, los telares mecánicos y las fábricas cambió todo.
De un día para otro, una sola máquina podía hacer el trabajo de veinte personas. Los obreros comenzaron a perder su sustento, y surgió un movimiento que hoy conocemos como los luditas: trabajadores que, desesperados, rompían las máquinas porque las veían como enemigas.
El miedo era comprensible. ¿Qué sentido tenía su oficio si una máquina podía hacerlo mejor?
Sin embargo, el tiempo demostró que no fue el fin del trabajo, sino el inicio de otro tipo de trabajo.
Aparecieron nuevos empleos: mecánicos, ingenieros, operadores de máquinas, conductores de tren.
El ser humano no desapareció del proceso productivo; evolucionó dentro de él.
La segunda ola: electricidad, fábricas y producción en masa
A finales del siglo XIX y comienzos del XX, el avance tecnológico no se detuvo.
Con la electricidad, la línea de montaje y el motor de combustión, nació una nueva forma de organización industrial.
Henry Ford aplicó la cadena de producción en sus fábricas, y con ello se multiplicó la eficiencia, pero también se redujo la necesidad de ciertos oficios.
Miles de artesanos, carpinteros o sastres independientes dejaron de fabricar piezas únicas para incorporarse como obreros especializados.
El concepto de “trabajo estable” y “empleo de por vida” nació en esa época: la gente ya no trabajaba para sí misma, sino para una empresa.
Fue un cambio profundo, no solo técnico sino cultural.
Por primera vez, la productividad empezó a medirse por tiempo, eficiencia y número de piezas producidas, no por creatividad o habilidad manual.
La tercera revolución: la era digital
En la segunda mitad del siglo XX, llegó una transformación aún más silenciosa, pero igual de radical: la computación.
Primero las grandes máquinas, luego los ordenadores personales, más tarde Internet.
El cambio fue tan rápido que, en apenas una generación, el trabajo de oficina pasó del papel al teclado.
Los mecanógrafos, operadores telefónicos, archivistas y procesadores de datos manuales desaparecieron casi por completo.
Las empresas adoptaron hojas de cálculo, bases de datos y correos electrónicos.
Sin embargo, surgieron nuevos profesionales: programadores, diseñadores web, analistas de sistemas, especialistas en redes.
La digitalización eliminó tareas, pero abrió una puerta inmensa hacia la gestión de la información.
Y, una vez más, el empleo no se extinguió: simplemente cambió de forma.
La cuarta revolución: la inteligencia artificial
Hoy estamos viviendo la cuarta gran ola, impulsada por la inteligencia artificial, la automatización y los datos masivos (Big Data).
Pero hay una diferencia crucial: esta vez, las máquinas no solo hacen cosas, también piensan.
Los algoritmos no solo ejecutan instrucciones, sino que aprenden, se adaptan y toman decisiones.
Eso significa que ya no solo automatizan el trabajo físico o administrativo, sino también **el trabajo cognitivo**.
Un asistente virtual puede responder correos, programar reuniones y atender clientes sin descanso.
Un software contable puede revisar miles de transacciones y detectar anomalías en segundos.
Un modelo de IA puede diseñar una imagen o escribir un texto en cuestión de minutos.
La frontera entre lo humano y lo digital nunca había sido tan difusa.
Empleos que se están desvaneciendo
De acuerdo con el informe de Forbes y otros estudios del World Economic Forum, estos son algunos de los empleos que más rápido se están viendo afectados:
- Cajeros y empleados bancarios: los bancos digitales, las apps de pago y las billeteras electrónicas reducen drásticamente la necesidad de personal en ventanilla.
- Capturistas y asistentes administrativos: los sistemas RPA (automatización robótica de procesos) ya realizan tareas como registrar facturas, enviar correos o clasificar documentos.
- Telemarketers: los chatbots y asistentes de voz pueden atender cientos de llamadas simultáneas sin descanso.
- Diseñadores gráficos: las herramientas de IA generativa permiten crear imágenes, logos y campañas visuales a partir de simples indicaciones de texto.
- Empleados de inventarios o nómina: los sistemas ERP y las soluciones basadas en IA integran y actualizan información en tiempo real.
A simple vista, podría parecer que la tecnología está eliminando más empleos de los que crea, pero no es tan simple.
Lo que realmente está pasando
Lo que desaparece no son los trabajos en sí, sino **las tareas** que los componían.
Las profesiones se están fragmentando, y con esa fragmentación surgen nuevos roles híbridos.
Un contador ya no solo debe dominar las leyes fiscales; ahora también debe interpretar dashboards, usar IA para detectar patrones financieros y traducir datos en decisiones.
Un diseñador ya no solo crea imágenes; debe entender algoritmos, usar herramientas generativas y aplicar conceptos de experiencia de usuario.
Un asistente administrativo ahora gestiona flujos digitales, coordina sistemas automatizados y analiza métricas internas.
En otras palabras: los empleos del futuro se construyen a partir de la unión entre tecnología y pensamiento crítico.
El valor humano en tiempos de máquinas inteligentes
Durante mucho tiempo, se pensó que el valor del trabajo humano estaba en la ejecución. Hoy, eso ha cambiado.
El verdadero valor está en **lo que no se puede programar**: la empatía, la creatividad, la intuición, la ética y la capacidad de conectar ideas.
Un algoritmo puede calcular, pero no comprender. Puede simular empatía, pero no sentirla.
Y eso abre una oportunidad enorme para las personas dispuestas a reinventarse: en un mundo lleno de datos, el pensamiento humano será la brújula que dé sentido a la información.
Habilidades para la nueva era laboral
De aquí a 2030, las habilidades más demandadas serán aquellas que complementen, no compitan, con la inteligencia artificial. Entre ellas:
- Pensamiento crítico y resolución de problemas complejos. Entender causas, no solo síntomas.
- Creatividad y adaptabilidad. Capacidad de generar ideas nuevas frente a escenarios inciertos.
- Comunicación efectiva y liderazgo. Conectar equipos humanos y tecnológicos.
- Alfabetización digital y analítica de datos. Entender cómo funcionan los sistemas, no solo usarlos.
- Aprendizaje continuo. La curiosidad será el nuevo requisito profesional.
El futuro laboral no se construirá con diplomas estáticos, sino con aprendizaje permanente y mentalidad de reinvención.
Las empresas ante el cambio
Las organizaciones que comprendan esto a tiempo serán las que sobrevivan.
Ya no basta con contratar perfiles técnicos o administrativos: ahora se buscan personas capaces de aprender, adaptarse y liderar la transición digital.
Las compañías más exitosas del futuro no serán las que despidan empleados para reemplazarlos por robots, sino las que reentrenen a su gente para trabajar junto a ellos.
El concepto de reskilling (reaprendizaje) y upskilling (mejora de habilidades) no es solo un término de moda: es la estrategia que definirá la sostenibilidad empresarial.
Una empresa que invierte en su gente está invirtiendo en su futuro.
No temer al cambio, entenderlo
La historia laboral siempre ha tenido algo de dolor y algo de esperanza.
Los tejedores del siglo XVIII, los obreros del XX y los oficinistas del XXI vivieron el mismo miedo: ¿qué pasará conmigo si una máquina hace lo que yo hago?
Pero cada vez, la respuesta fue la misma: el ser humano encontró nuevas formas de aportar valor.
El cambio que estamos viviendo no es diferente.
La inteligencia artificial no viene a quitarnos el trabajo, viene a **liberarnos de lo mecánico**, de lo repetitivo, de lo que no requiere pensamiento ni emoción.
Si logramos adaptarnos, el futuro no será un lugar donde las máquinas manden, sino donde la tecnología amplifique el potencial humano.
Porque, al final, el trabajo nunca ha sido solo una manera de ganar dinero:
ha sido siempre una forma de dar significado, de crear, de dejar huella.
Y ese tipo de trabajo —el que nace del ingenio, la empatía y la imaginación— jamás desaparecerá.

Escrito por
Roberto Montoya
Consultor en Automatización, Datos e Inteligencia Empresarial
Fundador de Datropia